En los últimos años crecieron la densidad energética con químicas NCM y NCA, la protección mediante BMS con microcontroladores más potentes y sensores precisos, y la integración de IA para limitar carga máxima, balancear celdas y anticipar fallos.
Se afianza USB-C Power Delivery 3.1 hasta 240 W, que simplifica cargadores y reduce calor con perfiles dinámicos. Muchas laptops adoptan USB-C como único puerto de carga.
Se exploran baterías semisólidas con más densidad y menor riesgo térmico, mejoras térmicas con grafito y grafeno, y configuraciones multicelda personalizadas que reparten mejor el calor, como muestran los bloques segmentados de equipos ultradelgados.
Hacia 2025–2028, las baterías de estado sólido prometen un salto en autonomía —más de 24 horas reales—, seguridad y ciclos extendidos, junto con ánodos de silicio y materiales basados en níquel y manganeso para reducir cobalto.
Se vislumbran carga inalámbrica de corto alcance integrada en escritorios, carga ultrarrápida inspirada en el automóvil, módulos con sensores de hinchazón y gases, comunicaciones cifradas anti-falsificaciones y diseños más modulares impulsados por el derecho a reparar.
Para el usuario y el técnico, este panorama implica notebooks más delgadas, frías y durables, y rutinas de mantenimiento apoyadas en firmware, IA y diagnósticos cada vez más precisos.



